sábado, 19 de junho de 2010

FRONTERA MÓVIL


Fragmentos de FRONTERA MOVIL (Aymara, Montevideo, 1997)


AEROPUERTOS

AVISO A LOS PASAJEROS




Los aeropuertos son un pacto de silencio. Yo no digo mi terror, tú no dices tu terror, él no dice su terror. Y se sonríe, como si hubiera alguna connivencia silenciosa. El terror, en los aeropuertos, provoca más sonrisas cómplices que diarreas.

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Los aeropuertos no son una ocasión o una circunstancia. Las grandes tragedias se neutralizan en los aeropuertos. El piso brilla y el dolor no huele a nada. Cuando algunos lloran, las lágrimas se secan en el aire acondicionado. English spoken.


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Los tripulantes de los aviones pasan charlando por las salas de los aeropuertos. Pasan. Pasarán siempre. Idénticos. Bellos. Ajenos. Llevan en los guantes la eternidad de los aeropuertos.


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En realidad, las azafatas son muñecas inflables. Los pilotos tienen hemorroides pero desde que entran en un aeropuerto las hemorroides paran de dolerles. Los comisarios de vuelo no son homosexuales: en los aeropuertos no hay más sexo. Puede hacerse, pero no hay.


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En las filas de los aeropuertos hay gente que saca fotos y grita los últimos mensajes a quien parte o a quien se queda. También hay mujeres de una elegancia medio extraviada. Ríen y están seguras (yo no sé de qué, sé que están seguras). Hay hombres que también gritan y ríen y conocen tipos de aviones y horarios exactos de llegadas y partidas. El espanto tiene sus rayos laser: en un aeropuerto nunca confíe en su vecino de fila.

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(A veces vamos los domingos a los aeropuertos sólo para poder soñar con países remotos y ver los aviones-pájaros despegar y subir, como las ilusiones. Entonces visitamos sueños y estamos en una galaxia opuesta a los aeropuertos, pasajeros de otro viaje. Cuando volvemos a casa, nunca estuvimos en un aeropuerto. Habíamos aprovechado la tierra de nadie para fundarnos un mundo provisorio y sin aeropuertos)

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En el barullo ensordecedor de los aeropuertos, los enamorados tienen que gritarse el amor, y toman, sin saberlo, la cara de la desesperación.


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En los aeropuertos la gente no tiene sombra. Es que todos se convierten en la sombra de sí mismos. Quien subiese a una balanza para pesarse, en un aeropuerto vacío, vería la aguja de la balanza permanecer inmóvil.


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Todos los aeropuertos están instalados en estaciones siderales, lejos de la Tierra. Salir de noche de un aeropuerto, es como entrar, por un error de milagros, en un planeta imprevisto y asustador.


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Los aeropuertos son catedrales. Sin Dios.


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Las secciones Departures de los aeropuertos son las más aeropuerto. Ya las Arrivals se aproximan a la esperanza.


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No es verdad que haya aeropuertos más aeropuertos que otros aeropuertos. Sólo los ingenuos pueden pensar que Roissy, en París, es más aeropuerto que el de Iquitos o el de Montevideo. No. Todos los aeropuetos, sin excepción, son implacablemente aeropuertos.


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Una vez pasé doce horas en uno de los aeropuertos de Londres. Y paré de existir. Fue un grupo de hindúes lo que me sacó de la hipnosis. Siempre dudé entre perdonarlos o agradecerles.


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El exilio es un aeropuerto. Yo ya tuve mis años de aeropuerto.


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¿Cuántas veces habré ido a buscar a mis amigos en aeropuertos? ¿Cuántas otras me esperaron ellos puntualmente en otros aeropuertos? ¿Cuántas? Yo sólo los recuerdo a ellos, abrazados, hoy vivos o muertos, siempre después de haber salido de los aeropuertos.

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Casi no recuerdo los aeropuertos, aun aquellos por los que más transité. Es que eran una amnesia. Me había olvidado.





HOMENAJE A PITÁGORAS




Los Matemáticos no lloran al nacer. Por eso todos saben cuando un Matemático viene al mundo. Además, crecen alimentados por proteínas muy potentes y hacen alegres malabarismos numéricos durante muchos años. En la vejez, admiten que no tuvieron tiempo de contemplar la fría eternidad de los números. Y después se mueren.


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Los Matemáticos se sienten en el séptimo cielo cuando, dos por tres, gritan a los cuatro vientos que, para razonar, ellos no necesitan un sexto sentido.


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Los Matemáticos son siempre irreemplazables porque son siempre reemplazados por otros Matemáticos.


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Cuando tienen sentido social, los Matemáticos estudian Ciencias Económicas y a menudo son gays pero lo esconden. Ya cuando son ingenieros y también son gays, se lo esconden a sí mismos, y en todos los casos pueden acabar dirigiendo algún Banco. Pero son tan ágiles entre aranceles y tasas de interés que envejecen rápido. No tienen suerte con el número de los efebos.


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Los Matemáticos nunca se meten en camisa de once varas. Como es sabido, prefieren los teoremas.


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Cuando los Matemáticos dan clases, pavos reales de las cuentas, se muestran tan rápidos de raciocinio que no logran entender que los Otros los miren con susto. Imaginan que es por indiferencia y entonces tartamudean desplumados. Eran usuarios subalternos de las palabras. Pero eso, ellos no lo saben.


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Los Matemáticos son obedientes.


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Los Matemáticos son masculinos. Las mujeres Matemáticas también lo son. Es la solemnidad que los cubre cuando reconocen que los axiomas no aceptan demostración. La inexplicable rajadura femenina.


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Los Matemáticos que estudian Ingeniería toman mate. Es que el mundo les hace gracia y gozan de buena salud. Ya la resistencia de los materiales los excita y les hace tomar grappa o vodka. Coñac, jamás.


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¿Y los que son doctores en Matemáticas? Esos están en la carrera universitaria. Dan conferencias, leyeron el Talmud y todos, sin excepción, son Jefes de Departamento. Cuando viajan en los aviones internacionales, piensan que los números hubieran podido llevarlos a Dios. Pero siempre se jubilan antes.


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Los Matemáticos son eficientes productos genéticos de última generación. Antes del desarrollo del gen matemático, existieron los Prematemáticos, altos, rubios y cansados. Sentían un infinito hastío frente a cada logaritmo. Vivían en el actual Uruguay y se adormecían con la cinta de Moebius en la mano. Se extinguieron en medio de la melancolía y el desconsuelo.







MONTEVIDEO, LA COQUETTE





Hay que tener mucho cuidado para hablar de Montevideo porque es una ciudad de dolor. En Montevideo siempre se sufre un poco más que en el resto del mundo.

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Montevideo es una ciudad llena de sueños. Por eso nadie la cuida. Y además, no se puede estar en Montevideo y estar en Montevideo al mismo tiempo. En Montevideo soñamos con países distantes o amores imposibles o destinos nuevos. Cuando se está en Montevideo y se está casi en Montevideo, uno entra en estado de peligro y entonces oye tangos.


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Los sábados, en Montevideo, se puede oír candombe. Con prudencia.


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A Montevideo, los niños lo ven lindo, con su cerro y su fortaleza, y dicen que allí nacieron, allá por el mes de enero de hace muchos, muchos, muchos años.


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El mar a cada lado de la península: la duplicidad de Montevideo.


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Todos los montevideanos sabemos lo que es caminar por General Flores de madrugada. Por eso nadie lo hace. Es un saber revelado y sin testimonio porque si alguien lo testimoniase no tendría nada para contar.


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En un café de Montevideo, me presentaron a un hombre y a una mujer que debían tener unos cuarenta y cinco años y que eran novios. Se sentaron a mi mesa y charlamos. Dijeron que el calor de aquel día no era normal, que debía llover. Yo dije que sí, que llovería con seguridad y que sería agradable ver la lluvia. Me preguntaron dónde vivía yo y me dijeron que habían hecho un viaje por Brasil y que las playas eran muy hermosas. Ya Buenos Aires les resultaba parecida a París. Después volvimos a hablar del deseo de que lloviese al día siguiente, que iba a ser agradable esa lluvia, con seguridad. Cuando se fueron, era bastante tarde.


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París es siempre de mañana, con flores blancas de Boulogne y rosas. En Lima y en Praga siempre es el atardecer, rojo, como encendido. Buenos Aires es noche de verano y con perfume de jazmín. Cuando en Río amanece —gloria celeste— en San Pablo son las siete de la mañana y el aire tirita. Ya en Montevideo es siempre la hora de la siesta, uno bosteza y hace la digestión. Es calentito, no se crea.


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Dijo:
El dinero no hace la felicidad.
El trabajo dignifica al hombre.
Montevideo es la tacita del Plata.

Pensaba:
Yo quería ser rico, inactivo y berlinense.


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Montevideo era un puesto militar avanzado en el Río de la Plata y nació sin nombre: Monte VI de Este a Oeste. San Felipe se había adormecido y Santiago tuvo un sobresalto. Entonces Montevideo conoció el tedio y la guerra —innombrables— y ya nunca tuvo calma.


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Yo estaba en Montevideo y soñé con una ciudad muy bella. Había edificios de mármol y palacios y puertas de bronce y casinos con mujeres espléndidas y joyas. Todos bebían champán, y yo no le hice mal a nadie.






TRES MESAS DEL SOROCABANA


1



Los pensamientos vagabundos
se piensan
como nubes, así
navíos olvidados
o sin rumbo las nubes
no dejan señales en el viento
y erran
sin memoria
como dunas
a voluntad de mar
que nadie piensa.





2



Hablamos de cosas
de la superficie del mundo
o bostezamos
(no puede ser tan serio
ni tan grave la mosca azul
que atraviesa la sala
y se posa insistente y
vivimos tan poco, si vivimos.
“Es la geografía de los viernes”,
y los elefantes blancos
ríen.






3



Me conocí tanto
que ya no importa la flor
exenta de mi nombre.
Que piense el pensamiento,
a mí
no me importa.







SOLÍS O LA FLECHA


1


La mano: archipiélago, hubieran dicho
pianos o botellas al Plata
el tenso mensaje en el teclado
si es tocado, dan cuerda
con la mano, arco al sur la sonatina
del Ahorcado.


2


Río o mar
o río como mar
y ríe como llora
antes o después
(lo mismo es)

*

El Uruguay y el Plata
y esto o aquello
el último o el próximo
la última o penúltima
penumbra en la península,
escollera o salvaje
primavera.

*

Vivo o muerto:
el Loco,
o él o yo
Tristán o Isolda
jaula o pájaro
el filtro o un error:
los dos no.


3


Amargo argonauta mar amargo
margen oriental: mártir
náufrago en tierra, yo sí.
Y un ancestro en el flotante camalote.


4


(la u del mundo, abismo
la i de abismo, mundo
tan uruguayo: tan reales
voyelles)


5

Solís o la flecha:
en la Torre reflexiona
lóbrega o la rosa
va a decidir
lasciva pitonisa de los Panoramas,
dice,
elíptica epiléptica la flecha
ve la Torre en la Carta que lo trajo:
graba la grave carabela grávida,
y osa póstuma
(que Solís duerma y sueñe en su ensenada)

2 comentários:

  1. al fin tenes un blog, Alfredo. o al menos, al fin lo descubro. te mando un abrazo grande. H.

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  2. Gracias, señor H. En realidad no es un blog, lo que se dice un blog, sólo puse poemas que hoy pueden ser más difíciles de encontrar en papel. Va un abrazo para ti también, señor H.

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